Los que nunca se fueron

Los fantasmas viven en los miedos de todos. Pero parece que más que para asustarnos, nos ayudan a calmar la incertidumbre que nos provoca la muerte. Como si siendo fantasmas, no nos fuéramos del todo nunca. Pelos erizados del brazo, ojos tapados para no ver y cabezas ocultas bajo las frazadas, no digan que no les avisamos: los fantasmas están por todos lados.